Primer día en el campo
Llegué antes que el sol. El suelo, esponjoso por las lluvias de la semana anterior, aún guardaba tibieza bajo la hojarasca. Caminé sin linterna; los coigües dibujaban contra el cielo una cúpula tan tupida que el camino se intuía por el oído antes que por la vista.
Apunté la primera coordenada en este cuaderno y me senté a esperar el canto del chucao. Tardó veinte minutos, quizás más. Cuando llegó, fue como si el bosque entero se acomodara para escucharlo.
Hoy no hay métricas que anotar. Hoy solo se mira.
nota: traer termo. el frío a las 6 am cala los huesos, aunque sea marzo.